101 maneras de vivir Lima

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Lima, sus tesoros guardados en cada esquina

Lima como todas las ciudades tienen algo de cebolla redonda, con sus capas superpuestas y su corazón concéntrico. Capas en las que el tiempo se superpone, coexistiendo en un tictac alocado y diferentes épocas haciendo presencia; en donde el poder centralizado y el poder de lo marginal se debaten casi imperceptibles, en un malabarismo endémico a punta de venirse al piso ante cualquier soplo.

Existen pues múltiples Limas. La Lima de Miraflores y San Isidro y la Lima de los conos; la atrapada en los museos queriendo contarse; la que se reinventa el paladar y el orgullo; la Lima pituca y la Lima chicha; La intelectual y la bizarra; la que rinde tributo a Santa Rosa de Lima y a Sarita Colonia; la de los autos novedosos y las combi; los centros de negocios y las plazas de mercado; genial y contradictoria; con alma de misterio que se da.

Hay muchas maneras de vivir a Lima. Una manera tal vez sea vivirla a través de los sentidos, y entonces el viaje irá más lejos que lo mostrado por las guías oficiales de turismo, que ya de por si son muy buenas.

Lima, un universo en el que la ancestralidad se afinca en el legado de sus huacas, en el asombroso templo del señor de Pachacamac, en los rostros cobrizos de los migrantes del Ande y de la Selva; una historia marcada en las murallas, en iglesias y en balcones; un mestizaje que se celebra en la creación única y singular donde la gastronomía es casi una religión y la música palpita sensual y altiva.

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